Enrique Wernicke es un personaje inasible en la historia de la literatura argentina. Su figura se presenta generalmente a través de un velo que deja asomar un escritor de culto: poco leído, acentuados sus curiosos oficios entre los que destaca el de fabricar soldaditos de plomo, al margen del ámbito intelectual, en conflicto también con la estética esperable de los afiliados al Partido Comunista.
Este volumen rescata la producción poética del autor (inhallable hasta el momento): poesías y prosa poética. Allí Wernicke muestra otra faceta de su escritura, se permite un desarrollo que desafía el minimalismo proverbial de su obra narrativa. Una voz joven y llena de emoción acentúa la importancia de las grandes insignificancias de la vida y dedica esas reflexiones al otro de la amistad puertas adentro en Palabras para un amigo. En El capitán convaleciente
se hace eco de la retórica de la guerra compartida por otros poetas del periodo, pero desde una perspectiva particular que se mantendrá como característica en su obra, y que Tucumán de paso ostenta, con sus propios matices, en su prosa poética dedicada a los trabajadores de la caña en Tucumán, desde la mirada del que está de paso.
En Enrique Wernicke asistimos a una estética que replica la tensión entre pulsiones encontradas y que no resuelve, intransigente, por ninguna de las líneas en tensión.
Editorial: Serapis
Páginas: 90