Gustav Klimt debe la fama mundial de que goza hoy a un abrazo eterno: El beso, icono de su período dorado y símbolo del poder decorativo e innovador de toda su obra.
Además, abre el camino a nuevas formas de expresión pictórica. La suya es una revolución estilística auténtica y la articula en torno a sus temas predilectos, que envuelve en una profusión de motivos vegetales y animales, arabescos, espirales, texturas, materiales preciosos, pan de oro y lacerías de líneas curvas y ondulantes.
Editorial: Blume
Páginas: 172
