Donde el juego se vuelve recuerdo y el recuerdo emoción.
A veces es la mesa de un bar, a veces una esquina de barrio, a veces un colegio o un liceo, a veces un viaje en común. El tópico de la barra de amigos admite o promueve diferentes coordenadas. Las que elige Patricio Rago en Homo ludens son las del hockey y las de un club. Es ahí donde pone a funcionar una formidable máquina narrativa, porque la barra de amigos (o sus variantes: el grupo de pibes, la “Banda del Secador”) resulta una usina inagotable de historias que contar y personajes que evocar. Una gira, los asados, el vestuario, el tercer tiempo disponen los rituales que expanden lo que en principio sucede en la cancha: tiem-po y lugares para el hedonismo gozoso de jugar y divertirse (aunque hay espacio para el dolor, para pensar o para sufrir, tanto en la barra como en Homo ludens).
Editorial: Emecé
Páginas: 296
